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La Sinceridad es la luz del ahora

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La Sinceridad es la luz del ahora

La sinceridad evidencia de lo que se está viendo, sintiendo, pensando, expresando sin enmascararlo, sin obsesionarse en no querer ver o expresar lo obvio, es falta de sinceridad. Es fundamental para comprender, se puede ver poco pero si hay sinceridad es la posibilidad para aumentar la visión y la comprensión.
 El enrevesado enjambre psicológico y emocional con su realidad consciente y subconsciente, provoca muchas veces una falta considerable de sinceridad, y justamente el medio por el cual se puede mejorar el entendimiento y el aumento de lo más importante, que es la auténtica aceptación, no un estado de conformismo, frustración, impotencia etc. es esa misma sinceridad. Puede ir progresando, en aspectos simples y en una medida pobre, pero puede ir aumentando progresivamente.
 Lo que sucede con la sinceridad, es que muchas veces no aumenta por miedo a ver más claramente, y al inicio sufrir, por la crítica, el juicio moralista que se ha adquirido, mezclado con la idea errónea y negativa de nosotros mismos, y ese miedo o huida es el mayor impedimento para su aumento.
 En la demanda de claridad personal, de paz y mayor felicidad, y en la demanda de espiritualidad, la sinceridad es el medio a destacar para subsanar esa demanda. La sinceridad aunque parezca que hay la que hay, siempre hay una posibilidad para ella.

El castigo fuera necesario

Si el castigo fuera necesario, debería llevar implícito la claridad de reconocer un supuesto error, no el castigo como finalidad. Un error es fundamentalmente una transgresión del respeto mutuo, o de los derechos humanos, y un error también es la propuesta de una acción y no llevarla a cabo, o llevarla a cabo no correctamente.
 El mostrar para ver y reconocer la importancia del respeto a toda forma de vida (la vida), pues la vida la somos, y todos queremos serla, todos quieren ser ellos, y despistadamente menospreciamos y agredimos a los otros que también los “somos”, vida. Hay una interacción constante en la vida como vida, y la acción, reacción o consecuencia se produce en un universo de carambolas y bumeranes existenciales. Una evidencia inmediata de esa consecuencia del error, es el famoso castigo social o que imparten los educadores directos, que deberían intentar con el castigo hacer tomar más conciencia de ese supuesto error. El castigo por el hecho del posible sufrimiento implícito como valor fundamental, es un nuevo error de lo que debería de ser el castigo.
 Parece que predomina el pretender hacer vivir el sufrimiento como único pago o consecuencia del error o sufrimiento producido. Y si es posible más sufrimiento que aparentemente el sufrimiento que haya podido producir el error. Y se suele valorar poco el posible autentico arrepentimiento del sufrimiento producido por el error cometido, o en el peor de los casos el sufrimiento que se ha querido provocar deliberadamente, que no deja de ser un error por falta de conocimiento claro del respeto del vivir, y del Ser Vida.
 En el pretender que el castigo en sí sea la única o principal finalidad consecuente de un error, da a entender que se puede creer que el castigo en sí, puede provocar arrepentimiento y llevar a pedir realmente perdón, y eso por experiencia, muestra que en la mayoría de los casos no es así. Y también el pensar que no hay solución al error (“el mal”) y hay que combatirlo con el mismo mal (diente por diente, ojo por ojo), sin plantear para nada el comprender el por qué, y la verdad del respeto. Eso muestra poca comprensión y la poca consecuente compasión.
 Si que a veces el sufrimiento provoca entendimiento o discernimiento, y a nivel básico existencial es una manera de poder reconocer el error, como se suele decir, o se aprende discerniendo o sufriendo. Pero en la relación humana debería de predominar el intentar discernir, y esto debería de ser la base de la pretendida educación, el aprendizaje, el discernimiento y su consecuencia puesta en práctica. Conciencia, coherencia, y consecuencia.

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